
Me quedé dormido a mitad de Elipsis. Es la primera vez que me pasa eso en el cine. Eso debe decir algo. Sin embargo, en honor a la verdad, tenia bastantes trasnochos acumulados. Con este background, pasar de un pseudo inclemente sol a una sala oscura con aire acondicionado, y quedarse despierto, es un acto valiente.
Aunque me desperté a los 4 minutos de haberme dormido, y me puse al dia con los 4 minutos que me perdí preguntando obsesivamente, igual hago entonces esta aclaratoria. Morfeo pudo haber influido en mi percepción de Elipsis.
Ya he visto un poco el debate que se ha formado en torno a esta película en Blogacine. Como alguna vez dije con respecto a El Caracazo y Secuestro Express, una cosa es apoyar al cine nacional (invirtiendo el dinero en una entrada al cine) y otra muy distinta es hacerle caridad. Esto es, ver las películas indulgentemente, solo porque son de aquí y como son de aquí “bueno, se hace lo que se puede vale, ahí vamos dándole”.

Primero que todo,
Elipsis no parece una película venezolana. Si, los personajes dicen
“coño”, “mierda”, “chévere” y algunas otras claves orales de nuestro país, y si, ahí esta
la chama buenota de las vallas de Polar, la que fue
novia de Florentino y el c
hamo gocho que actua en novelas y en Hollywood. Pero mas allá de eso, Elipsis (
Arias-Nath, pues) pareciese huirle a la venezolanidad a la que nuestro cine nos tiene acostumbrado. Quizás baste con mencionarles dos elementos del film (sin spoilearles la cosa): Un policía con sombrero de detective descontextualizado que, al mejor estilo de
Jude Law en
“Road To Perdition”, tiene como hobby fotografiar a criminales muertos por acción policíaca y el hecho de que la acción criminal tiene como meta UNA GALERIA DE ARTE. Esto no es condenable, pero
Arias-Nath ha ganado, con esto, que muchas líneas y situaciones nos resulten bastante falsas, prefabricadas y hasta pedantemente elistescas.
MALA actuación dicen algunos. No meto mis manos en la candela por ninguno de los actores-actrices, pero sinceramente creo que fueron las situaciones las que le restaron en gran medida credibilidad a algunas interpretaciones. No me vengan con que el brasilero fue el mejor actor. El carajo pega en la tecla por su pinta, el acentico y el humor negro. No supera, en mi opinión, otras actuaciones claves. Recordemos, además, que el cine nacional es “nacional”, esto es, muchas coproducciones de varios países, pujando pa que sus actores esten en pantalla. Por esa razón, mas mercantilista que artistica, es que el brasilero y la
Señora Isabel (
Angélica Aragón) salen en
Elipsis.

Y sí, por supuesto que
Gaby Espino y
Christina Dieckman estan alli para darnos esperanzas de poder ganar una erección gratis con sus figuras, en un acto de (extraido de una frase de un comentario en Blogacine)
“populismo audiovisual”, pero la verdad es que, sobretodo el personaje de
Gaby Espino, es la que detona toda la situación, que, creible o no, es la saca adelante la película.
El ritmo, por supuesto, esta lleno de elipsis temporales. Esto causa una consciente confusión al principio, pues no entendemos con claridad si el juego de roles (un personaje está bien, el otro mal, mañana pasa exactamente lo contrario, casi en las mismas condiciones) sucede en el mismo plano real, o es un elemento discursivo surreal.
La estética es un acierto. Todo el juego de las figuras geométricas, los puntos suspensivos, los sellos, los cambios de roles, la fotografia, los “taglines” escondidos, en fin, las elipsis visuales, están muy bien logradas. Este es el fuerte de la película. Técnicamente muy bien hecha.
Yo recomiendo
Elipsis. Puede ser un buen atisbo de lo que se viene para el cine “nacional” (las comillas van por aquello del
Fox Latina detrás de todo el proyecto y por la poca venezolanidad del film). Es una película técnicamente bien hecha (como la mayoria de nuestras últimas películas) con atisbos de buenos argumentos. Si fomentamos esto último, estaremos hechos.
PD: Por favor
Elba Escobar, ya basta. Jejejeje.