Para los opositores más radicales, Iris Valera es una marginal loca que demostró ayer como son los chavistas de violentos. Para los oficialistas radicales, Gustavo Azocar salió barato con los coñacitos de Iris y debería ir preso para siempre, previa tortura.
Yo casi soy de esos radicales. Azocar debería ir preso, pero solo un tiempillo. Y si que salió barato. Si un carajo como ese hubiese escrito un capitulo como “Iris: la madre que no pudo ser” dedicado a mi madre o esposa, yo creo que mínimo tres huesos le hubiese quebrado.
Sin embargo, Azocar solo mostró el set de cartón piedra “destruido” y los lentecitos doblados a la cámara. Y no contesto ni una vez a los gritos de furia y angustia de Iris Valera acerca del entrometimiento del “periodista” en la muerte prematura de su hijo.
Porque eso es exactamente lo que quiere Azocar. Un libro como ese, lleno de denuncias supuestamente bien argumentadas, pierde parte importante de su credibilidad con un capitulo como ese. ¿Cuál es la intencionalidad? ¿Criminalizar, satanizar y hacerle volar los tapones a una mujer (conocida por su impulsividad) así sea metiéndose con una experiencia traumática de su pasado? ¿o simplemente denunciar presuntos hechos de corrupción? ¿Es que ahora Azocar es también psiquiatra como para andar elaborando perfiles de sus antagonistas basados en sus experiencias traumáticas? Si es así, me encantaría ver su perfil de sí mismo, con la experiencia de su ojo perdido.
Les diré lo poco que conocí de Azocar. Ya previamente escribí sobre él en una oportunidad. En aquel momento, para no realizar un post extensísimo, no comenté sobre una anécdota sencilla, pero interesante. Sabía que iba a surgir otro momento.
Como ya comenté en aquella oportunidad, Azocar me dio clases en el segundo año de mi carrera. Era un profesor serio, estricto y astuto. Nos mandaba a la calle a cubrir noticias regionales actuales, y luego el usaba los datos que les interesara de nuestro trabajo para sus espacios televisivos y radiales. Y nosotros le seguíamos el juego, porque básicamente nos daba ladilla confrontar a un profesor como ese bien atornillado a la universidad y evidentemente en la calle aprendíamos más. Lo malo era que Azocar trabaja un cuarto del tiempo, y cobraba completo. Y repito, usaba nuestro trabajo para complementar el suyo.
La primera o segunda clase que tuvimos se basó en la necesidad irrefutable de “la parte y la contraparte”. Recuerdo que le señalé que él en su espacio televisivo hacia caso omiso de su propia máxima, escudándose en que era un espacio de “opinión”. Recuerdo que a Azocar mi comentario le molestó, pero no lo expresó inmediatamente. Si algo tiene Azocar es que razona muy bien sus acciones (lo cual me hace meditar aun mas la intencionalidad de su libro acerca de Iris, con la inserción de ese capitulo nefasto).
Azocar entonces procedió a darnos a todos una “lección de vida”. Eran tiempos de la invasión estadounidense a Irak. En nuestra aula de clases eran las 9:45 de la mañana, cuando Azocar nos puso una asignación: Buscar dentro de la misma universidad, seis opiniones de profesores, acerca de la guerra en Irak: tres a favor y tres en contra. Debíamos plasmarlas en una nota realizada en computadora y entregársela a las 12:30. Es decir, nos dio menos de tres horas para la asignación.
Yo, ya previniendo el resultado de tan descabellada asignación, le pregunté, antes de salir, que si EL estaba a favor de la invasión. Su respuesta, evidentemente, fue pacífica. NO. La guerra es mala. Negué con la cabeza y salí en busca de las tres entrevistas más entubadamente difíciles de conseguir en tan poco tiempo.
Primero quise salir de las tres opiniones que evidentemente condenaban la invasión. Eso fue fácil. Hasta el perro callejero del cafetín ladró violentamente cuando mencione “invasión estadounidense”. Todos condenaban la guerra. La paz es el camino. Bush es malo. La guerra es y siempre será condenable. Fácil de conseguir ese testimonio.
Yo les pregunte a mis tres profesores interpelados estratégicos que quien en la universidad podría acaso apoyar la invasión. Los estereotipos salieron a flote, y LOS TRES profesores me enfilaron hacia la escuela de medicina a buscar republicanas y bélicas opiniones. Corrí.
Me llamó la atención el hecho de que casi TODOS los estudiantes de mi salón estaban allí en Medicina, acosando a los pocos profesores que estaban allí ese día. Sin embargo, nadie pudo dar con una respuesta contundente. Yo mismo, lo único que pude conseguir de un viejo profesor petulante y apurado, es que “a veces hay que esperar que el tiempo determine las decisiones”.
Así que todos, derrotados y apurados por el tiempo de entrega del material, empezamos a redactar la nota con la poca contraparte que teníamos.
Una compañera de clases descaradamente me dijo que ella iba a inventar al menos uno de los testimonios y que para esconder la posibilidad de que Azocar conociera al profesor bajo ese nombre, colocaría el nombre de una estudiante para despistar.
Esa compañera de clases fue la que salió mejor.
Y Azocar, triunfante, esgrimía nuestro fracaso a la hora de buscar la contraparte. Con tan poco tiempo y con un tema tan satanizante como ese. Como si buscar tres opiniones casi imposibles en tan poco tiempo fuese similar a dejar que el acusado de tus denuncias refuta. ¿Cuál era su intencionalidad? ¿Sencillamente intentar ridiculizarnos o argumentar la falta de contraparte en sus programas? Yo lo que aprendí es que si ese ejercicio era una muestra del periodismo venezolano, la academia no servía para un carajo.
Sea lo que sea, el punto es que siempre siguió apoyando retóricamente la máxima de la “parte y contraparte” en clases, pero nunca la utilizó. Ha tenido que venir Iris Valera a darle lepes, cachetadas, a romperle el set y doblarle los lentes, para que Azocar haya optado por decirle “dale pues, mañana mismo, hoy mismo te doy el derecho a replica” luego de habérselo negado por semanas. Por supuesto, un derecho a replica con Iris Valera enfurecida, el set roto, mas la afirmación en loop del Azocar-victima de la violencia era sin duda un escenario favorable.
La universidad está sobreestimada. El periodismo y su aura de inmunidad PORQUE SI aún más.